jueves, 24 de enero de 2013

Ángeles Cotidianos



Una lindísima canción de los U2 en esta hermosa película 
que les recomiendo que vean: "El Cielo sobre Berlín",



Es muy difícil que no te haya pasado alguna vez. Lo creas o no, tengas o no alguna religión o creencia en algo, es muy difícil que no te hayas topado con un ángel.

Nos han enseñado desde nuestra infancia que son seres que no tienen un cuerpo visible, pero que están protegiéndonos, mirándonos desde arriba, tendiéndonos la mano y consolando nuestra pobre humanidad en momentos difíciles.  la extraordinaria película "Las alas del deseo" ("El Cielo sobre Berlín", en el alemán original) de  Wim Wenders nos hizo emocionar trayendo a la tierra las reflexiones de dos ángeles que quieren ser personas, que quieren dejar ése territorio celestial y procuran estar entre nosotros con nuestras alegrías y miserias, con nuestra pequeña y a la vez gigante dimensión humana.
   No sé al resto de las personas, pero quien les cuenta ha tenido y tiene contacto con esos seres, que se disfrazan de personas un ratito, y nos miran a los ojos, y por supuesto nos tiran una mano, como ya lo he mencionado, en momentos de lo más jodidos, momentos de angustia y desesperación. Recuerdo particularmente no estar preparada para un diagnóstico y salir llorando, y abrazarme a una columna, sin poder seguir caminando por la calle, un día,  una mañana como cualquiera, y que alguien viniera y me consolara con cariño, sin preguntarme nada, anónimamente.  Recuerdo también haber comentado estos sucesos con  Mónica, una gran amiga, ella  me contó que un ángel anónimo le devolvió toda una cartera con documentos de ella y de sus hijos, carnets de salud, tarjetas ya anuladas, documentación personal, todo de buenísima voluntad y sin querer cobrar un centavo por ello. Son verdaderos ángeles que están cerca de nosotros. Y les debemos gratitud.
En el día de hoy salí con el auto, como todos los días, manejo leguas todos los días, y me gusta, pero también me cansa. Hoy no venía con todos los sentidos puestos al volante, la tarde era calurosa, y yo había quedado de pasar a buscar a mi amiga de toda la vida para una reunión, un proyecto divertido. Pero en mitad del camino choqué sin querer con  el cantero que separa dos avenidas, y destrocé la cubierta delantera izquierda del auto. felizmente sin golpes, sin frenada, sin otro daño más que el de la cubierta. Inmediatamente estacioné el auto y llamé a mi familia para avisar, tranquila, ya no quería ni bajar del auto, sabía que era triste romper un neumático a fin de mes, y que no podía hacer nada. me bajé del vehículo y esperé a que viniera mi hijo a auxiliarme. No hizo tanta falta, desde un casi destartalado automóvil bajó un hombre con ropa de trabajo, y con todos sus hijos varones que estaban con él. Entre todos y con mucha buena fe, se dispusieron a ayudarme, sacaron el cricket, aflojaron las tuercas y bulones, y el señor -el ángel en persona- me dijo que no me preocupara, que parecía no ser tan grave y que cerca había una gomería.
 Al ratito llegó Diego y en unos quince minutos el problema estaba solucionado, el gomero (otro ser celestial tiznado de negro y con musculosa) enderezó la llanta, infló la cámara, arregló la llanta de atrás y pude seguir andando, con mi auto, en marcha a la reunión. 

Agradezco la presencia de estos seres con alas y con ropa humana, que bajan a la tierra y nos auxilian, y están con nosotros en momentos en los que uno realmente quisiera estallar de desesperación. Y siempre me digo que hay que estar muy atentos para verlos y sentirlos.
Ángel junto a Dieguito, en el camino.

El señor con gorra es el ángel que me cambió la goma y me tranquilizó en ese momento.

 Como patrona mi receta en esta vida es hacer por otras personas  pequeños y cotidianos  actos de caridad, sin esperar nada a cambio, sin religiosidad porque al menos yo no la tengo. hacer algo por el otro, con alegría;  cosa de que  haya un ida  y vuelta, y... ¡cosa de  tener a estos ángeles siempre bien cerquita de uno!.

jueves, 20 de diciembre de 2012

Historias de Vestidos


Historias de vestidos.

Vestido de la tía Ana , copia del original género de  la pollera de  Martita
Esta historia  me la contó mi amiga Celina González, una tarde de verano en que  abrió su placard, La idea era vaciarlo, y darme toneladas de ropa de las cuales algunas prendas usaré, y otras pasarán a otras manos y otros cuerpos, son verdaderas bellezas ya que mi amiga es una persona cultísima y tiene un gran sentido estético, nada es porque si, los colores no son estridentes, los estampados son armónicos y ni que hablar de los géneros, una finura total. Mientras hablábamos y cargábamos en bolsas bolivianas y valijas mil, y nos confesábamos los amores clandestinos de la juventud y la adolescencia, Celina tomó entre sus manos un vestido azul, antiguo, y me dijo: “-éste no, es de mi tía Ana”- y se produjo un silencio inapelable.
  A los dos minutos estábamos revolviendo nuevamente y entonces ella pudo hablar y contar la historia. Quien fue testigo de ese momento en donde un vestido hizo que la voz de mi amiga se quebrara, les dejará esta historia.

Las dos hermanas.

Ana y Martita eran hermanas. En realidad eran cuatro hermanas que vivían en una localidad del interior  y por deseo de sus padres fueron llevadas a estudiar en la capital de la provincia, desde muy jovencitas. De ellas cuatro, Ana y Martita eran muy unidas y compañeras, Ana, la mayor,  era brillante y hermosa, heredaba de su sangre una belleza latina y una postura muy de Sofía Loren, alta, elegantísima. Su hermana Martita también era una mujer elegante, por supuesto también culta y vivaz y tenía pasión por los libros, la pintura, los viajes. Las dos estudiaron en colegios y las dos  terminaron sus estudios superiores, y al llegar a la edad adulta ambas conocieron a sus novios, que fueron sus maridos para toda la vida. Cando Martita se casó, -la primera- es que se produjo el primer  de muchos dolores que tuvo  Ana, ya que esta elegante y hermosa mujer se casó con un hombre encantador que la hizo muy feliz, un médico de la ciudad, querido por todo el mundo, pero los hijos no llegaban. En tanto que Martita, sin haber sido tocada por tantas gracias físicas eligió a su marido en el grupo de los muchachos muy buenos mozos de la ciudad de provincia, y por supuesto, también fue enormemente feliz, y no solamente feliz –hay que decirlo- sino también enormemente rica, pues el joven esposo tenía una especial habilidad con los negocios, y el dinero fluía en aquel hogar. Martita además ejercía como maestra, y año tras año traía un nuevo hijo al mundo, -cuatro en total- lo cual provocaba en su hermana dolor, al no poder realizar el mismo sueño de ser madre y de tener muchos hijos.
 Pero la historia se detiene en un detalle, y no debe interesarnos qué pasó después porque estas dos mujeres que fueron creciendo en la vida,  siempre se respetaron y se quisieron muchísimo, y quisieron a los hijos de ambas, y siguieron las carreras y los festejos, y los estudios de los chicos que,  fueron creciendo. El detalle era el vestido azul que mi amiga, hija de la maestra, sacó del baúl en esa tarde.
Pollera de Martita, en finísimo bordado.
“-Mi mamá era muy rica”, confesó mi amiga entrecortadamente, “y se compraba vestidos, polleras y muy linda ropa, bordada o de buenos géneros. Como le quedaba bien, porque era alta, se los mostraba a su hermana –que no era rica, y que había podido tener una sola hija-  y mi tía, que no podía soportar que su hermana un poco mas chica y no tan bella fuera más que ella, inmediatamente corría a las tiendas a comprar el género más parecido y se hacía hacer con modistas ropa parecida a la de su hermana”…

  Nos hizo reír a Celina y a mí esta bonita historia de amores y envidias, y de hermanas que se aman por siempre.

 Y es así que, de los baúles y arcones polvorientos  reaparecen estas prendas que nos mueven emociones, nos recuerdan a personas que hemos amado intensamente y que ya no están y nos hacen sonreír de a ratitos recordando las locuras, las tonterías  y las pequeñeces, las pasiones que nos definen y  que nos hacen enteramente personas en este mundo.

domingo, 2 de diciembre de 2012

domingo de pasiones

Hay mucha gente que detesta los domingos, les aburre la soledad, la rutina del domingo, las siete de la tarde, lo previsible del día. Para quien  escribe estas líneas no existe eso, no es que sea todo diversión  o  amigos o salidas, ésa parte de la historia ya se terminó para la Patrona, termionaron aquellos años de la infancia de sus hijos cuando disfrutaban todos de una casa en el campo con la familia de su marido.  Junto a los abuelos compartían los domingos con asado y para todos era un gran programa:  el río, los niños pequeños ,los abuelos tan queridos, amigos de los abuelos con sus vejeces, luego, todos juntos era el volver a la casa de la ciudad con cansancio pero felices.
 En ésta nueva etapa de los cincuenta años los abuelos han muerto, la casita del campo no está mas, todo cambió, se perdieron amigos de años, los chicos se hicieron adolescentes, eligieron sus vidas, crecieron y cumplieron años, algunos ya ni siquiera viven con sus padres, y la realidad es otra. Ésta familia vive en una realidad nueva, con una  casa distinta, y un presente diferente.  Y hasta los domingos son diferentes. Después de realizar una fiesta nos acostamos a las seis de la mañana, y dormimos toda la mañana, a los niños pequeñitos solíamos decirles que era el sueño "de la bella durmiente", ya no lo es tanto porque nos turnamos para trabajar durante la noche y entonces disfrutamos de la mañana del domingo, al menos yo porque adoro escuchar la radio, adoro, hay excelentes reportajes a gente inteligente, música, Piazzola, unos mates  y es en ese momento que me percato de que empieza mi dulce rutina de domingo.
Ya había tomado un café antes de comenzar el sueño, a las seis. ahora... tipo mediodía se impone un brunch familiar, con todo lo que ha sobrado de la noche: milhoja de papas, pollo arrollado, panes, si sobró torta dulce o tartas ¡muy bien!  café con leche, coca-cola abierta de la noche, hielo. ensaladas varias, en definitiva un brunch espectacular hasta mas o menos las dos, dos y media de la tarde, y luego... la siesta, los chicos aprovechan del dolce far niente de sus padre para gastar la computadora, ya que éstos cierran la puerta de su cuarto para todo el disfrute imaginable que incluye: televisión, películas, computadora, internet, sexo, sueño, partidos de fútbol, café mas tarde, chocolate, libros, literatura, diarios que no se leyeron durante el día anterior, crucigramas, y lo que dos personas quieran hacer un día domingo, un día para no hacer  nada, descansar el cuerpo después de 24 horas de un arduo trabajo físico y mental.
Después de la larga siesta nos volvemos a reunir todos y compartimos cosas que nos gustan a todos, en el verano disfrutamos el parque, el afuera, en el invierno todos vemos cine porque siempre hay una buena opción en la tele, todos sabemos y defendemos el derecho a no manejar el auto, es decir: la familia se queda en casa y tranquila,  a veces el padre dibuja o pinta a la tardecita, la patrona lee, hace collares, escribe y siempre está en la zona del lavadero preparando la ropa para el día siguiente.
No hay aburrimiento, no hay posibilidad de tristeza por el día lunes. La patrona sabe que ha vivido con intensidad este día domingo y que a pesar de que siempre está atareada y le cuesta desenchufarse de la tarea diaria, ella ha sido bastante feliz.

lunes, 5 de noviembre de 2012

2001 Odisea del Espacio, de la mano en el Día de los Muertos




"Hoy mi computadora está mal, muy mal"  -dijo mi co-equiper en el  trabajo- Yo, sentada frente a otra pantalla, callada y concentrada en lo que estaba escribiendo no reparé en el comentario, y quien había pronunciado su  la frase prosiguió con  su discurso... "Parece Hal, ¿te acordás?  La computadora de la nave de "2001 Odisea.del Espacio,   cuando decide vengarse  de los astronautas que quieren desconectarla"...
Súbitamente los ojos se me llenaron de lágrimas y me dije bajito: "no quería acordarme de este día, pero se ve que los muertos, quieren volver".
 Es que hoy es 2 de noviembre, día de todos los Muertos. Éste día ya  casi no se  conmemora, al menos en la ciudad donde yo vivo, pasa desapercibido entre la vorágine de  obligaciones;  tal vez ni siquiera sea un día con sentido de recuerdo, o de celebración. Con todo, cuando perdés a alguien a quien querés, hoy, dos de noviembre, te corre un frio por la espalda, y recordás.



 Mi padre (ya escribí una nota sobre él) nos llevó al cine a sus tres hijos mas grandes,  a ver la obra maestra de Stanley Kubrick  escrita por Arthur Clarke.  Conservo hasta el día de hoy la sensación de la película al verla por primera vez, no me he olvidado.  Yo tenía alrededor de ocho o nueve, mis dos hermanos siete y seis... no sé. Todos la vimos, todos, la piedra negra, el espacio, las imágenes de la nave, la comida en pomada, y lo mas fuerte: el mono. el comienzo de la humanidad, los primeros homínidos, el mono golpeando con el hueso, la música de Richard Strauss, muy fuerte para una nena. muy fuerte.
Gracias papá, por tenerme de la mano y mostrarme a Kubrick, a Peter Sellers, a Chaplin.  Gracias por los interminables conciertos. por Tchaikovsky  y por Mahler (no olvido la tristeza de la Quinta, de Mahler) también por contarme la pasión de Chopin, Gracias por los robots, por la revista   Mas Allá, que devoré en la pubertad, a escondidas. Por todas las escondidas literarias disfrutando  la ciencia ficción que tanto amabas, gracias a vos viajé a Marte con Bradbury, conocí todos los relatos de El hombre ilustrado, y me imaginé mas adelante que un deshollinador me amaba, a mi, niña  lejana y triste,  como en "Remedio para melancólicos".Tamabién es justo decir gracias por hacerme conocer a Vinicius de Moraes y a Edgar Allan Poe.  Hoy apareciste sin querer mientras hacía mi trabajo, ya adulta, ya madre, y te juro que a  veces no tengo ganas de que aparezcas para no extrañarte, pero bueno, de la misma manera que como padre vos me invitabas a tu mesa a compartir Boris Karloff y Bela Lugosi, hoy papá  estás invitado a mi tristeza y te vuelvo a tomar de la mano.
 Gracias por darme la vida.

viernes, 26 de octubre de 2012

En el día de la Suegra

Según varias publicaciones, hoy, 26 de octubre, es  el día de la Suegra.

Mi suegra  -palabra antipática si las hay- ya no está más en este mundo. Pronto hará siete años de su
inesperada muerte, y como yo la recuerdo y la quiero, y considero que fue una mujer extraordinaria,
 es que  la mañana de su entierro preparé este escrito que he guardado. Curioso, en un país en donde esa relación es tomada en broma, yo me lo tomé en serio. Comparto las palabras para una mujer maravillosa, que entre otras cosas me dio nada más ni nada menos que su hijo mayor, con quien comparto los días.

                                                                ANDAR ANDANDO
                                                         

Alguna vez me iba a imaginar contestar “andando” cuando me preguntaran ¿cómo estás? No.
Tampoco podía pensar que era correcta la perífrasis de “andar andando” para expresar que uno  estaba  caminando, paseando, dando vueltas por ahí...  Y es que esas sencillas palabras las aprendí de ella. Marta, mi suegra. Y eso la caracterizaba para mi. El hecho de andar. De ella aprendí que uno anda y debe andar siempre, sin descanso, y levantarse aún cuando no se tienen ganas, y servir al otro, y sonreír con el alma y trabajar,  y dar, dar siempre, brindarse por entero.  La voy a extrañar en Síquiman, porque  era quien comenzaba los asaditos, quien reunía con su abrazo a un  montón de gente de todos los colores y edades, que se llegaba a compartir esos domingos, y ella “andando”, con el mate primero, el asado después, mas tarde de nuevo el mate...  Me va a faltar también alguien que diga “ni calvo ni tres pelucas” o ¡es un día de Gloria! Porque  todas esas cosas,  junto con el amor por el jardín, la felicidad de compartir una mesa, las empanaditas cordobesas dulces, los siempre arreglos de flores, la mirada estética del artista puesta en todos los detalles, todo eso seguro, me va a faltar. Y  voy a extrañar además lo que Marta me enseñó con su ejemplo : a amar inconmensurablemente, a respetar la decisión del otro, a apoyar a sea quien fuere en sus proyectos, sin críticas, sin reproches.
 Le tengo que decir gracias, Marta, por todo lo que me dio, -empezando por el Pepe- porque fui muy feliz haciéndola abuela y contándole cosas pequeñas por teléfono, porque también fui feliz trabajando duramente en esa casa que usted tanto quiso –La Quinta-,  y porque todo lo que aprendí de usted solo fue en pro de la vida, de la reunión, del amor y de la paz. Muchas gracias y, para no perder mi vieja costumbre de niña bien educada y agradecida,  le diré hoy “gracias por todo”.
los picnics  que tanto le gustaban, mis chicos, muy pequeños.


Laura María Cámara  6 de noviembre 2005  en el día del entierro de su suegra, Marta.

domingo, 21 de octubre de 2012

ahora habla el nieto (en relación a Consejos...)



Ahora habla el nieto.


Si, abuela, ya sé. Hoy cobran los jubilados. Y sin aumento.
¡Ja!  ¿te acordás? Yo, de mas o menos ocho años, en penitencia, sentado en el pasillo, mirando la pared y las manos cruzadas en las rodillas sucias, completamente mudo. Y escuché el noticiero por la radio :”hoy se le abonará a la clase pasiva, los apellidos que comiencen por…” Ahí está –me dije sonriendo- ¡la abuela me va a comprar el auto celeste de la juguetería! Y en cuanto salí de la penitencia  y le di un sonoro beso a mamá pidiéndole perdón por haberla hecho caer al sacarle la silla en que se iba a sentar, y así  desparramar en la mesa todos los fideos con albóndigas del almuerzo. Cuando  ella  me abrazó y se secó las lágrimas que rodaban por su cara enfilé corriendo  para la casa de la abuela, que vivía cerquita de la nuestra.
Lo recuerdo ahora, que estoy re-jodido, que no tengo trabajo  por más que  he enviado mil cartas y me he presentado en cien oficinas, es que siento  que no es un mundo para mi, siento que a mí me gusta jugar,  y me gusta el mundo. Y me hacés falta ahora abuela.
Yo jamás le conté a la vieja que la descompostura que te agarraste y por la que casi te tiene que internar es porque vos te morías de ganas de comer un choripán en el parque, y me invitaste, haciéndome tu cómplice, y después te regalé la risa cuando subimos al gusano loco y  te despeinaste con el viento, recuerdo cómo nos divertimos y cómo nos reímos los dos, pobre… después te tuviste que aguantar parada  mientras yo me hacía el campeón en los “autos chocadores” hasta que te cansaste y te sentaste muy enojada,  pensar que yo estaba feliz, por fin!!! Me hartaba de maniobrar mi propio autito, de andar rápido de frente y de chocar, girarlo, otra vez doblar y buscar con mis ojos tu mirada y tu saludo, abuela. Al salir del parque fue cuando nos comimos el desgraciado choripán,  yo pedí uno con mayonesa, mostaza y kétchup y no me hizo nada… pero a vos sí.
Ahora, desde donde estés yo sé que vos pensás en mi y también sabés que  con este cuerpo grande que tengo,  no  he dejado de ser un poco un niño. Y ahora que mi vida por ahí me pesa te quiero y pienso en vos y en la falta que me hacés. 
¡ Mierda con esta vida de jóven sin laburo! me digo y me repito, y se me viene tu cara dulce  que dice suavemente como esos abrazos que me faltan : - “Y bué, ya va a mejorar, siempre que llovió…paró”-
Repito tus palabras  esperanzadoras, me tiro en la cama y  poco a poco, un cachito más tranquilo... me voy a dormir.

viernes, 19 de octubre de 2012

Friends (porque fue lo que me pareció)

Patricia come livianito y toma Agua.
Andrea, Cristina y la Pato
Quiero contar un momento, un instante, algo que pasó. Fue mágico e inesperado. Una reunión de amigos.
Tengo una amiga a la que adoro,  Patricia, en realidad, adoramos, porque es amiga de los dos, de mi marido y de mí.  Con él compartió mucho más, mucho, porque compartió infancia y adolescencia y un mismo colegio, las vivencias lindas y dolorosas del crecimiento, los años de plomo de nuestra patria, la música, la educación. Conmigo la cosa es mas reciente y tiene muchos matices, las confesiones, la diversión los chismes, el jardín, la plástica. Y ambos adoramos a Patricia. Salimos mucho, vamos al campo, lloramos nuestras penas los tres, reímos y tomamos Lemon Champ también los tres, desde siempre.
Patricia nos invitó a la muestra en el  Palacio Ferreyra , se  inauguraba una restrospectiva de su padre -el pintor  José  Cárrega Nuñez, junto con la del pintor Martiniano Sciepaquerccia, extraordinarios plásticos cordobeses, y al margen de la muy buena muestra, al salir decidimos ir a comer juntos, éramos varios y ya nos conocemos de otros cumpleaños de la Pato, y nos reunimos en un barcito, plena plaza España.
Pintaba para mal: barcito chico, algo amontonados todos,calor, humedad y música ambiental , no obstante... la magia llegó:  una presta moza con sus cartas, ávidos comensales decididos a comer INMEDIATAMENTE, por lo que no hubo ni demoras ni titubeos súbitamente el barcito se había convertido en un lindo lugar  , con  mucha alegría en donde  reinaba el  humor. Variopinto el grupo: muy intelectuales: escritoras, psicoanalístas, sociólogos, comunicadores  profes y artistas conversaban vivamente, se hacían confesiones psicológicas y no descuidaban los buenos chistes ni la ironía. Y ¡llegaron los platos!
A la  mesa la vistió una fantástica presentación en platos cuadrados de ensaladas finísimas y muy gourmet, también hubo elección por parte uno de los comensales de un típico lomito, yo elegí unos sabrosos sorrentinos con filetto y crema, mucha cerveza... un placer. siempre pensando en Patricia, me quedé con la idea de que debe haber sido muy feliz en ese día, inaugurar y traer al presente a su papá, un gran  plástico, estar con la Sofi, su hija, una diosa total de casi dos metros que parece una actriz sueca, y culminar el día con amigos que la quieren y que disfrutan la comida, ¡que bueno!
Pato Cárrega y  José
Silvia y Manuel, los que se ocupan de nuestros rayes!
Andrea Guiu escritora, la Cris, comunicadora, y nuestra amiga la Pato, muertas de risa.
El Pepe -muy creativo- eligió un Lomito con papas bastón.
 Acompaño este breve relato con fotos del momento   Espero que les haya gustado, hagan comentarios!

La Patrona, octubre 2012